CARTAS Y COLABORACIONES

de la 91 a la 100

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"CARTAS Y COLABORACIONES"

 

 

Respuesta a la página (Gisela) y Respuesta a Gisela (Alex Ayala)

Y otra... (Grupo La Paloma)

A los nazis se les elimina con sus propios métodos (Marta Díaz)

El 1.902 (Partisano)

La cultura vasca (Nacho) y Respuesta a Nacho (Alex Ayala)

Iturgaiz y Cia (Jon Zorrozúa) y Respuesta a Jon (Alex Ayala)

Asesinos (Grupo La Paloma)

Cumplimiento íntegro de las condenas (Grupo La Paloma)

Cadena perpetua (Grupo La Paloma)

El desafío nacionalista (Mario Vargas Llosa)

 

 

 

RESPUESTA A LA PÁGINA (Gisela)

      ¿Qué pretendéis demostrar con la encuesta? ¿Que hay más españoles ocupando el territorio? ¿Que ser nacionalista vasco es un error, y como hay pocos no pueden amar a su tierra? En ningún momento defiendo el terrorismo de ETA, pero quiero remarcar que no sólo los españoles tienen derecho a ser patriotas. La encuentro una estupidez ya que no habéis preguntado a los pueblos sino sólo a los de la ciudad, donde la mayor parte de ciudadanos vienen de fuera buscando un lugar con una economía más alta y más trabajo que muchas comunidades del sur ¿Por qué creeis que en Vitoria hay el gobierno autónomo? Pues porque es la ciudad donde se oye menos el vasco y esto interesa. En tiempos de la guerra, en toda la región se mataron a muchos vascos y se estableció, más que en otra parte, la lengua española, a muchos no se les enseñó y ahora empiezan. Ellos quieren su país para ellos, ¿y qué si son minoría? ¡¡Ni mucho menos todos son unos asesinos!! ¿No se les puede dar lo que piden y que se las apañen solos? Todo gira al entorno de los intereses del gobierno de más arriba, si no esta guerra ya habria terminado. No es con Euskadi contra quien debemos luchar, sino con la ETA y con los altos cargos que hablan mucho pero no parecen hacer nada para pararlos.

      Si no os fuera una molestia me gustaria que me escribiérais una respuesta en la página, gracias.

RESPUESTA A GISELA (Alex Ayala)

      Amiga Gisela, me atrevería a asegurar que tus conceptos están equivocados, y seguidamente voy a explicarte por qué lo creo así. Desglosaré tus afirmaciones y te las responderé una por una.

1º- Dices que hay más españoles que vascos ocupando el territorio (supongo que del País Vasco).

2º- Dices que nosotros pensamos que ser nacionalista vasco es un error y que creemos que como los nacionalistas vascos son pocos no pueden amar su tierra.

3º- Dices que no sólo los españoles tienen derecho a ser patriotas.

4º- Dices que nuestra encuesta es una estupidez porque no hemos preguntado en los pueblos.

5º- Dices que el Gobierno Autónomo está en Vitoria porque es la ciudad donde menos se oye el vasco y eso interesa.

6º- Dices que en tiempos de guerra se mataron muchos vascos y se estableció la lengua española.

7º- Dices que "ellos" (supongo que los nacionalistas vascos) quieren su país para ellos y que da lo mismo que estén en minoría.

8º- Dices que no todos son unos asesinos.

9º- Dices que se les puede dar lo que piden (supongo que el País Vasco) y que se apañen ellos.

10º- Dices que todo se debe a intereses del Gobierno y que si no fuese por esos intereses esta "guerra" se habría terminado.

11º- Dices que no debemos luchar contra Euskadi sino contra ETA y contra los altos cargos (supongo que nacionalistas) que no hacen nada para pararlos.

Y A CONTINUACIÓN PASO A RESPONDERTE, PUNTO POR PUNTO, A TODOS TUS ARGUMENTOS.

      1º- Creo que estás en un error cuando aseguras que hay más españoles que vascos ocupando el territorio de Euskadi. Mi idea de las cosas es que son vascos todos aquéllos que vivan o hayan nacido aquí, aunque se apelliden Martínez como mi amigo Iker. En absoluto considero a mi amigo Iker como un español que está "ocupando" el territorio vasco. Mi amigo Iker -como tantos otros- es un vasco más, e incluso a sus padres también puede considerárseles vascos porque hace más de treinta años que viven aquí, con nosotros, trabajando por esta tierra, una magnífica tierra vasca que debería ser de todos los que decidieran establecerse en ella. No se pueden hacer planteamientos racistas que excluyan a los que no sean vascos puros.

      2º- Nosotros, efectivamente, pensamos que ser nacionalista es un error, y más error aún ser nacionalista vasco. Mira, Gisela, ser nacionalista es un error porque un error es atreverse a considerar propio un territorio determinado que, además, incluye a todas las personas que viven en él. El nacionalista, por sistema, jamás acepta que los demás no lo sean. Para el nacionalista, el no-nacionalista es un traidor que no ama a su tierra y por eso le excluye y le desprecia. En cuanto a mi afirmación de que el nacionalismo vasco es peor que cualquier otro nacionalismo se debe a que el nacionalismo vasco tiene unas raíces extremadamente racistas. Es posible que no exista ningún nacionalismo en el mundo que haya nacido odiando tanto a los que no aceptan su idea. Como bien sabrás el nacionalismo vasco actual proviene de las por todos conocidas repugnantes ideas racistas de Sabino Arana, de su hermano Luis, de Elías Gallastegi y de otros tan despreciables como ellos que propugnaban un odio eterno, mortal y enfermizo hacia todo lo que no fuese vasco e incluso hacia lo vasco que no fuese nacionalista. Y también te respondo a eso que crees que pensamos sobre que los nacionalistas vascos son pocos y que no pueden amar su tierra. Pues no, Gisela, en absoluto pensamos eso. Sabemos perfectamente que hay muchos nacionalistas vascos -aunque incluso siendo muchos no lleguen a la mitad de la población de Euskadi- y no nos cabe ninguna duda de que aman su tierra exactamente igual que la amamos el resto, además, como es lógico, están en su perfecto derecho. Lo que no vemos tan bien es que se crean los dueños y señores del amor a la patria y de la patria misma, y que a los que nos atrevemos a no pensar exactamente igual que ellos nos maten.

      3º- Por supuesto todo el mundo tiene derecho a ser patriota, pero esa frase tuya de que "no sólo los españoles tienen derecho a ser patriotas", la verdad es que me parece algo tendenciosa. No sé si habrás observado que el patriotismo español dejó de existir hace decenas de años, y si no observa a tu alrededor y trata de buscar gente enarbolando banderas españolas o gritando vivas a España (fuera del fútbol, claro), o discutiendo desaforadamente sobre nacionalismo español... No, Gisela, no. Hace ya muchos años que el nacionalismo español no tiene nada que decir. En cambio no sé si habrás observado las nubes de ikurriñas que siempre cubren las manifestaciones nacionalistas vascas, o el orgullo con el que los nacionalistas vascos se autodenominan abertzales, o el odio con el que siempre tratan a todo lo que se les escapa a su control nacionalista... Naturalmente que tienen derecho a ser patriotas, y lo son, y nadie se lo impide, pero no des a entender que su patriotismo existe para contraponerse al patriotismo español, porque el patriotismo español hace muchos años que dejó de serlo.

      4º- Hemos realizado nuestra encuesta en las tres capitales vascas porque son la máxima representación de cada una de las provincias y porque es donde menos temor hay a decir lo que se piensa. Y aparte de las tres capitales vascas también pensamos que sería bueno añadir dos pueblos lo suficientemente populosos como para que la gente pudiera responder con más libertad. Igualmente te darás cuenta de que hemos elegido Baracaldo y Mondragón como representantes del no-nacionalismo y del nacionalismo respectivamente, para que la encuesta estuviera lo más equilibrada posible. Evidentemente descartamos los pueblos pequeños porque sabemos positivamente que sus vecinos están sumamente controlados y presionados por el terror mafioso de ETA y su entorno. De todas formas estamos seguros de que la mayoría, aunque sea de capital, siempre debe ser tenida más en cuenta que la minoría aunque esa minoría sea de pueblo. No vemos por qué hay que dar más valor a 10 personas de pueblo que a 100 de capital.

      5º- El Gobierno Autónomo está en Vitoria por la sencilla razón de que Vitoria es la capital del País Vasco, y la verdad es que hasta ahora no le había oído decir a nadie que eso no estuviera bien. Lógicamente a todos nos gustaría tener la capital en nuestra respectiva ciudad, pero así y todo no creo que haya ningún vasco que reniegue de Vitoria como ciudad lo suficientemente vasca que pueda impedir que sus habitantes sean vascos y que puedan tener en su capital la sede del Gobierno Vasco. Y el hecho de que en la mayor parte de las poblaciones del País Vasco (no sólo en Vitoria) no se hable euskera tiene unas antiguas raíces de las que los principales culpables somos los propios vascos, ya que hubo una larga época en que la persona euskaldun se esforzaba extraordinariamente en no serlo para evitar ser considerada pueblerina. En aquella época, euskaldun era igual a "ignorante pueblerino", y, desgraciadamente, así era aceptado por todos.

      6º- En la guerra civil (supongo que te refieres a esa guerra) murieron muchas personas, tanto vascos como no vascos, y te recuerdo que los carlistas o tradicionalistas vascos lucharon al lado de Franco, lo que significa que, en buena medida, la victoria de los "nacionales" en el País Vasco se debió a ellos. Por cierto, no sé si sabrás que el padre de Arzallus fue uno de esos carlistas que lucharon en el mismo bando que Franco. En cuanto al tema del establecimiento de la lengua española en el País Vasco, es cierto que por entonces se prohibió el euskera (algo que personalmente deploro), pero no es menos cierto que ya por entonces lo hablaba muy poca gente por los motivos clasistas que te he expuesto en el punto anterior.

      7º- No creo que haya lógica ni motivo alguno para que los vascos que no somos nacionalistas tengamos que "entregar" a los nacionalistas el País Vasco, y mucho menos estando ellos en minoría. Te recuerdo que yo soy vasco de nacimiento y de apellidos y no veo la razón por la que tenga que renunciar a mis derechos como vasco libre y "entregar" mi tierra a los nacionalistas para que hagan con ella algo con lo que yo no estoy de acuerdo. Cuando tenemos elecciones en el País Vasco los votos nacionalistas nunca llegan al cuarenta por ciento, y sinceramente creo que ni ese cuarenta por ciento de nacionalistas ni el hecho de tener esa idea política es motivo suficiente como para que el resto de los vascos tengamos que aceptar unas tesis con las que no estamos en absoluto de acuerdo y "darles el país de todos los vascos sólo para ellos".

      8º- Por supuesto todos los nacionalistas vascos no son asesinos, y jamás nadie nos habrá oído decir nada parecido. Sólo son asesinos los terroristas de ETA, y, como en toda España, nosotros también consideramos cómplices políticos de los asesinatos de ETA a la coalición Euskal Herritarrok. Y aparte de los asesinos y su entorno, no nos queda más remedio que lamentar que el resto de los nacionalistas se hayan aliado con el partido de los asesinos y que se nieguen a romper sus nefastos pactos con ellos pero a pesar de ese descomunal error, en absoluto consideramos asesinos ni cómplices de los asesinos al PNV ni a EA.

      9º- El error que padecéis muchas personas que no vivís en el País Vasco es creer que los nacionalistas engloban a la totalidad de los vascos, pero os equivocáis. Vuelvo a repetir que los nacionalistas vascos no llegan a ser cuarenta de cada cien, y por lo tanto nadie tiene por qué darles -nada menos- que el territorio de Euskadi. Quizá para ti sea muy fácil decirlo pero ¿por qué no piensas un poco en los vascos que no somos nacionalistas?, ¿crees que somos menos vascos?. No entiendo los motivos por los que piensas que hay que entregar el País Vasco a ese cuarenta por ciento de nacionalistas y "que se apañen ellos", ¿qué pretendes con eso de "que se apañen ellos"?, ¿qué haya una guerra civil entre vascos?, porque debes saber que los vascos que no somos nacionalistas somos tan obstinados y pertinaces como puedan serlo ellos... Mira, Gisela, por suerte o por desgracia, quizá esa peculiar obstinación sea una característica –sin duda más mala que buena- pero que todos los vascos consideramos muy nuestra. No, la verdad es que no creo que "darles el País Vasco a los nacionalistas y que se apañen ellos" sea la mejor solución a nuestro problema.

      10º- Justo eso es lo que los nacionalistas vascos suelen decir, "que el conflicto que padecemos en el País Vasco es culpa del Gobierno de España", pero creo que tanto tú como los nacionalistas estáis equivocados. Lo primero que hay que tener en cuenta es que el Gobierno español siempre es el elegido por el pueblo, por lo tanto lo que pueda achacársele al Gobierno siempre será achacable al pueblo. El pueblo español en su conjunto (todas las autonomías incluidas) han decidido en las últimas elecciones generales que el Partido Popular tenga la mayoría absoluta y eso significa que el pueblo español mayoritariamente apoya los modos de actuar y gobernar de ese partido al que tú consideras culpable. Para ti, que no eres vasca, quizá sea muy fácil decir que el Gobierno debe aceptar las extorsiones mafiosas de los nacionalistas vascos violentos y dejarnos a los no-nacionalistas -que somos más de la mitad de los vascos- perfectamente dispuestos para ir entrando en los campos de concentración, pero disculpa si te digo que los no-nacionalistas nunca consentiremos esa posibilidad y que si el Gobierno español nos entregase al mundo nacionalista posiblemente no nos quedara más remedio que defendernos. Convéncete que si hay algún culpable de la violencia en nuestra tierra, sólo es el violento que la lleva a cabo y no el que la combate.

      11º- Estoy seguro que nadie pretende luchar contra Euskadi, salvo los propios terroristas. Hasta el momento los que luchan desde el Gobierno no lo hacen contra Euskadi sino contra ETA, y es un gravísimo error creer que luchar contra ETA es lo mismo que luchar contra Euskadi. Yo, del modo que puedo, lucho contra ETA pero, por supuesto, no contra Euskadi, porque tanto mi familia y mis amigos como yo mismo somos parte de Euskadi y sería absurdo luchar contra nosotros mismos. Y en cuanto a la culpabilidad que pueda tener el Gobierno de Euskadi, supongo que alguna tendrá por haber cometido tantos errores, pero yo no los culpo totalmente. Los dirigentes del PNV y de EA han sido primero engañados y después amenazados por el mundo de ETA, y comprendo perfectamente que estén debatiéndose entre no ver manchado su inmenso orgullo reconociendo su error y el miedo a ser asesinados. Son humanos, como todos.

      En fin, amiga Gisela, espero que mis respuestas te hayan aclarado algo nuestro modo de pensar y que te ayuden a entender un poco más este difícil conflicto que los nacionalistas nos han creado en el País Vasco.

 

 

 

Y OTRA... (Grupo La Paloma)

Hola Sr. Ibarretxe,

      Lo primero es decirle que siento lo de su amigo José Mari. Creo que ya se lo demostré en el correo que le envié el día de su muerte. Al Sr. Arzalluz ya no me dirijo. No merece la pena. Sólo habla cuando no viene a cuento. ¿Dónde están sus declaraciones en estos momentos?. Jubílenlo ya, por favor. Va a ser la única manera de seguir adelante.

      Ahora tengo una pregunta para Vd. Ojalá algún día me contesten. ¿Siguen siendo presos políticos a los que Vd. llamó alimañas el otro día?. Esas mismas alimañas que le quitaron ayer la vida a otro pobre hombre, generando otra viuda y otro par de huérfanos. ¿Hay causa que merezca esto? ¿Cuándo van Vds. a empezar a ser un gobierno de verdad? ¿Cuándo van a empezar a ser un gobierno para todos los vascos y no vascos?.

      A ver si es posible de una vez que rompan con EH (Eusko Borricos en castellano). ¿Es que no se dan cuenta de cómo están jugando con todo el mundo?. Y en todo el mundo están Vds. ¿Tan difícil es verlo?. A ver si es posible que los aprendices de gudaris sean detenidos de vez en cuando. Que no anden a sus anchas aterrorizando a todo el mundo y amenazando. ¿Qué concepto nacionalista puede tener un chaval de 22 años? ¿Dónde pueden haber adquirido ese odio que llevan dentro? Es algo que creo que nunca llegare a comprender.

      El otro día, cuando veía el humo del coche bomba de Madrid desde mi casa, se me pasaron todo tipo de cosas por la cabeza. La verdad es que en frío se razona bastante mejor que en caliente.

      Espero que consigan entender algún día cual tiene que ser su verdadera frontera, volver a ser un partido democrático (para lo cual también deberían renunciar a las tesis del paranoico de Sabino Arana). Mientras eso no sea así, las ideas que defienden no van a poder ser respetadas por nadie de bien. Los únicos que las respetan ahora mismo son los mafiosos que les ha tocado por suerte. Ojalá consigan librarse pronto de ellos. Si no, si algún día llega su independencia, ETA comenzara con Vds, porque la independencia la habrán conseguido ellos, y lo único que tendrán es un país de mafiosos.

      Un saludo.

 

 

A LOS NAZIS SE LES ELIMINA CON SUS PROPIOS MÉTODOS (Marta Díaz)

      Euskadi es un país secuestrado por los etarras y sus esbirros políticos y callejeros. Ellos asesinan, secuestran, chantajean, amenazan, destruyen... La soberanía o no de Euskadi la debe decidir el PUEBLO vasco. De todas formas, la soberanía que los abertzales querrían es de corte nacionalsocialista (o nacionalestalinista); por lo tanto, sería un país a merced de la represión. Los -teoricamente- oprimidos ahora, los ultranacionalistas, pasarían a ser los opresores y represores de su propia gente en un pequeño estado policial y políticamente integrista.

      Si estamos de acuerdo en que los etarras y sus seguidores ultras son euskonazis..., la única manera con la que se acabó con la locura de los nazis alemanes de la II Guerra Mundial fue usando sus propios métodos. Todo lo demás son palabras. Y las palabras -muy loables desde el punto de vista democrático- por si solas no solucionarán el problema. Las democracias, para mantenerse, deben ser justas pero también FUERTES.

 

 

 

EL 1.902 (Partisano)

      Lo auguro. No hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo resista, me dice la abuela con ojos plomizos, reflexiva y silenciosa ante el televisor, mientras el estómago se me encoge ante el último acto de barbarie. Oyeme bien: Pasará, sí que pasará...

      La experiencia dice que todo conflicto de ese tipo acaba en alguna suerte de “mesa”. Pienso en esa mesa y concluyo con el análisis, que ésta no será de juntas, ni de Argel, ni de camilla, sino la de la sala-pecera de la Audiencia Nacional. El contrato de la muerte se viene prorrogando desde hace cuarenta años, tácitamente reconducido por el sueño romántico y totalitario de jauntxus meapilas, envueltos en la neblina melancólica del Cantábrico (ellos jamás sentirán el contacto frío de la parabellum, pero intentarán maniobrar para que la relación contractual con la tragedia se haga eterna, parezca eterna e inagotable. Hasta que el sueño se cumpla). Pero no. Acabará, sí que acabará. Y bien. Salvo un Sagasta enfermo y cansado vaya a París a arrancarse el corazón para conservar el cadáver, como cuando lo del 98 (La abuela aún lo recuerda en boca de sus progenitores. Duele todavía). Pasará, seguro. Quizás sabrá este Cánovas de la gaviota, atajar el problema de raíz. Acabarán los errikotabernopedorrokaleborrokaris en el chabolo y ya veremos si algún apóstata entre ellos logra el tercer grado. Eguíbar, Arzallus, Otegui, serán apellidos sinónimos de necedad, pero en cualquier caso olvidados: ¿Quién era ese?, preguntarán las nuevas generaciones de jóvenes españoles-vascos con desidia. Volverán a la mina del olvido, como gerardos iglesias cualesquiera (perdóneme éste por la comparativa, es sólo formal, no pude evitar que se me viniese a la memoria apolillada)... ¿Quién era ese?... Ah, ya. Bueno, a otra cosa. Como te decía... Y alguien echará tierra. Habrá normalidad, libertad, alternancia, flores de mayo y democracia, concejales respetados porque consiguieron el polideportivo para su pueblo y viejos luchadores saboreando la prensa en el café de la esquina, a la misma hora, como siempre. Quizás alguien recordará que aquí también hubo camisas pardas, que las calles fueron Auschwitz durante tiempo, que la locura emborrachó a muchos con una pesadilla imposible. Pero sólo será un mal recuerdo, bueno hablemos de otra cosa, dirán al instante...

      Y también habrá quien se pregunte: ¿Quién pagó por eso?.

      Joseba estudiará derecho en la Universidad de Castilla-La Mancha, le apetecerá el intercambio. Y llegará al 1.902: El que por acción u omisión causa daño a otro, interviniendo culpa o negligencia, está obligado a reparar el daño causado. Subrayará con lápiz rojo, apretando, con una rabia primaria, el aforismo legal y se preguntará otra vez: ¿Quién pagó? ¿Quién pagó por los dos mil muertos, por la extorsión, el exilio de tantos, el racismo, la exclusión de miles, el exterminio sistemático, el dolor de las viudas, la mentira histórica, los autobuses calcinados, los contenedores, la miseria intelectual...?   Joseba sabrá que en la tumba del tal Arzallus hay polvo y unas flores de plástico puestas hace años por algún nostálgico y que un abuelete al que llaman en Alcalá Meco el Otegui colecciona sellos esperando la condicional y que a su tocayo (maldita sea la coincidencia) Eguíbar, una turba incontenible de gente anónima, lo mandó al infierno. La pesadilla, la mentira desenmascarada, quedó suspendida en el pasado, congelada en el laboratorio de los historiadores, por aquello de estudiarla de cuando en vez para que jamás se repita. Pero, ¿quién pagó por la felonía, por la creación de mitos, por la actitud del avestruz, por tanta hipocresía? ¿Quién reparó el daño causado, por acción u omisión, por sus culpas o negligencias?.

      Lo auguro. Pasará todo esto, sí que pasará. Y el nazionalismo será estudiado por los escolares con desinterés en los libros de historia, y todos sus crímenes. Al igual que Felipe II y el Imperio, y la contribución al proyecto del Señorío de Vizcaya y la resistencia liberal de Bilbao y alguna reseña de un enfermizo Arana creador del monstruo. Pasará. Pero, ¿pagarán realmente todos los responsables por tanto sufrimiento? ¿Repararán tanta ignominia, tanta falsedad, tanta desvergüenza, tanto crimen, los Ibarreche, Garaicoechea, Anasagasti, Setién, Larreina, Balza...? Veremos.

 

 

 

LA CULTURA VASCA (Nacho)

      Hola, mi caso es totalmente opuesto a alguna de las cartas que e podido leer aquí. Tengo los cuatro primeros apellidos vascos y nunca viví allí y ni siquiera nací allí. Esto se debe a que también ha emigrado gente del País Vasco a otros sitios fuera de allí.

      Habiendo dicho esto comentaré que me siento un habitante del planeta Tierra, feliz y libre de todo tipo de fundamentalismos, ya sean del colorín que sean. Bueno, después de esta anécdota quisiera expresar unas ideas que creo que pueden ayudar.

      El interesantísimo idioma vasco es ciertamente el único idioma que queda que es realmente oriundo de la península ibérica, ¿Por qué no se le da entonces ese valor en toda España?, ¿no debería ser más conocido por todos?. Por supuesto que no propongo que se enseñe a hablar en la escuela, sino que se nos haga conscientes del gran valor que tiene, pues existe la posibilidad de que estemos hablando del mismo lenguaje o de características parecidas al que podrían haber hablado los iberos o quien fuera que por la península habitara.

      ¿Para qué comento esto?, pues para sugerir que parte del problema vasco deriva del desconocimiento del resto de los peninsulares del gran valor que tiene la cultura vasca como reducto último de lo realmente ibérico. Gracias.

RESPUESTA A NACHO (Alex Ayala)

      Efectivamente tienes razón en que el euskera es un idioma muy interesante ya que es uno de los más antiguos del mundo, y también tienes razón en que toda España debería ser consciente del gran valor de esta reliquia, pero dudo que ni la más mínima parte del "problema vasco" se deba al idioma en sí.

      Como todos sabemos muy bien hay una gran cantidad de hombres y mujeres vascos de pura cepa que hablan perfectamente euskera y sin embargo están tan lejos del nacionalismo que varios de ellos militan en el Partido Popular de Euskadi (por ejemplo Iturgaiz). De la misma manera todos conocemos a asesinos y colaboradores de ETA que, además de no ser vascos, tampoco tienen ni idea de hablar euskera.

      Sinceramente creo que el idioma vasco no tiene nada que ver con el sangriento problema que nos han creado los fascistas de ETA y todos aquellos que rodean a esta mafia.

 

 

 

ITURGAIZ Y CIA. (Jon Zorrozúa)

      He leido algunas cosas interesantes por ahi, y me gustaria contestaros.

      Decis que os parece un error ser nacionalista, y mas nacionalista vasco. Bueno, aqui caeis en vuestra propia mentira. Mas alla de la interpretacion que se pueda hacer sobre vuestra tolerancia (¿Es que acaso una ideologia es mejor que otra "porque si"?), no os quereis enterar de que vosotros mismos sois nacionalistas. Nacionalistas españoles, pero nacionalistas, al fin y al cabo. ¿O no pensais acaso que vuestra nacion es España? Pues, chicos, si no erais conscientes de esto, mejor si os habriais dedicado a otra cosa. Por cierto, ser nacionalista español no tiene nada de malo para mi, es tan respetable como ser nacionalista vasco, claro esta.

RESPUESTA A JON ZORROZÚA (Alex Ayala)

      Decimos que es un error ser nacionalista, y a continuación paso a exponerte el porqué.

      Ser nacionalista es un error porque el que tiene esa idea está excluyendo de su modelo de convivencia al que no lo es. En otra respuesta anterior ya dije que el nacionalista no acepta al que no tenga su misma idea, porque le considera traidor a ese absurdo ente llamado patria, que para él es como una religión. Para el patriota (o nacionalista, que es lo mismo), la patria está por encima de la vida y de la propia libertad, y no soporta que nadie "manche" algo tan sumamente "importante" con la simple negación de la idea. Y te aseguro, amigo Jon, que el que no piense de este modo no es un verdadero nacionalista.

      Ser nacionalista vasco es un error mayor aún porque lo inventó (hace sólo cien años) un racista llamado Sabino Arana, y cuando un individuo inventa una idea que se basa en odiar e insultar a los demás con tan enloquecido encono, no puede haber acierto alguno en su invención, y si además el nacionalismo vasco basa su existencia en los asesinatos de ETA y el terror mafioso que causa en el pueblo vasco, el error se multiplica. (Para quien quiera conocer las ideas "políticas" en las que el racista Sabino Arana basó el nacionalismo vasco, sólo tiene que entrar en la web El Boleto, de mi amigo Angelberto, y verlo. La dirección es http://www.interbook.net/personal/angelberto/ (pulsar en el hipervínculo).

      Las ideologías diferentes al nacionalismo todos sabemos que son muchas y variadas, y, lógicamente, todas merecen un profundo respeto, pero te recuerdo que ninguna de ellas está basada en el totalitarismo que siempre acompaña a la idea nacionalista. Yo soy absolutamente tolerante con cualquier idea que también sea tolerante, pero no acepto la intolerancia. ¿No crees que sería estúpido ser tolerante con el intolerante?.

      En cuanto a eso de que los que estamos contra el nacionalismo vasco es porque somos nacionalistas españoles, sólo lo puede decir un doctrinario fanático del propio nacionalismo. Como es lógico el nacionalista no comprende que los demás no lo sean, y además el mejor modo que tiene de inventarse un enemigo es verlo también como fanático de una nación distinta de la suya. El día que los nacionalistas descubráis que los que no están de acuerdo con vosotros no tienen por qué ser nacionalistas españoles, habréis dado un gran paso hacia la cordura.

 

 

 

ASESINOS (Grupo La Paloma)

      Nuevamente se ha vuelto a producir una nueva muerte violenta en Euskadi. Una más y van...   Ahora toca esperar a que instalen las parabólicas y vayan los políticos a soltarnos sus discursos vacíos, a hacer llamamientos y demás, mientras los terroristas y LOS QUE LES APOYAN se están descojonando en sus casas viendo la televisión.

      La sociedad mientras tanto se mueve a rueda de los atentados; que hay un atentado, vamos todos como borregos a las manifestaciones, mientras LOS QUE APOYAN A LOS TERRORISTAS se descojonan en su casa viendo la televisión y toman nota de las caras que van en la manifestación para cuando pase la tormenta. Es decir, existe un principio de acción y reacción en cuanto hay un atentado. Que hay atentado, entonces me manifiesto en contra de ETA. Que no hay atentado, no pasa nada, hago vida normal, entro a consumir en los bares del régimen, bebo kalimotxo, y me voy a sus fiestas en las que se hace apología del terrorismo y se trata como héroes a los "asesinos cortos de reflejos" que están en el mako.

      ¿Alguien realmente piensa que si Indurain hubiera ido a rueda hubiera llegado a ganar 5 Tours de Francia?, la respuesta es NO.

      No podemos dedicarnos a escribir cosas bonitas en todos los foros y a lamentar muertes después de que se produzcan.  En Euskadi hay gente que no puede salir a la calle libremente, porque sabe que si sale le puede pasar algo.  Mientras, LOS QUE APOYAN EL TERRORISMO se descojonan en sus bares bebiendo kalimotxo.

 

 

 

CUMPLIMIENTO ÍNTEGRO DE LAS CONDENAS (Grupo La Paloma)

      En la sociedad española existe un clamor unánime: CADENA PERPETUA PARA LOS DELITOS DE TERRORISMO.

      Ya hemos pagado con creces la ingenuidad de tener que demostrar al mundo que aquí hay democracia, con la benignidad de nuestro sistema penal.

      Si hay que reformar el Artículo 25 de la Constitución Española, se reforma, no pasa nada, seguiremos siendo una democracia, la cadena perpetua existe en la mayoría de los países de nuestro ámbito. O si no, se reinterpreta: La reinserción social del reo puede hacerse si éste muestra un claro arrepentimiento, después de haber penado (porque la experiencia penitenciaria demuestra que la expiación es el único sentido de la condena) un número suficiente de años.

      Y en cualquier caso, CUMPLIMIENTO INTEGRO DE LAS CONDENAS.

 

 

 

CADENA PERPETUA (Grupo La Paloma)

      Me dirijo a Vds. para solicitar la reforma del Codigo Penal. Hay que instaurar la CADENA PERPETUA para los terroristas. Ya esta bien de que se rían en nuestra cara con Manos Blancas. Ya esta bien de aguantar a politicos partidistas de uno y otro bando. Esta democracia no sirve para nada si no es capaz de defender a sus propios ciudadanos. ¿Por qué ETA no mata en Francia? Aparte del poco o nulo apoyo que puedan tener, las penas no son como en España. Para una vez que se detiene a unos cuantos etarras a los 5 dias en la calle con 200.000 de fianza. ¿No se van a reír en nuestra cara? En Alemania ya van tomando nota. Un nazi mata a un negro y CADENA PERPETUA que te crió. A ver el próximo nazi si no se lo va a pensar antes de actuar. Personalmente no pienso pisar una manifestación de Manos Blancas ni de condena al terrorismo para que encima se rían en mi cara. Hay que actuar y ya.

 

 

 

EL DESAFÍO NACIONALISTA (Mario Vargas Llosa)(*)

      Friedrich Hayek escribió en Camino de servidumbre (1944-1945) que los dos mayores peligros para la civilización eran el socialismo y el nacionalismo.

      El socialismo al que Hayek se refería era el marxista, enemistado a muerte con la democracia liberal, a la que estigmatizaba como máscara de la explotación capitalista. Ese socialismo quería acabar con la propiedad privada de los medios de producción, colectivizar la tierra, nacionalizar las empresas, centralizar y planificar la economía e instalar la dictadura del proletariado como paso inicial hacia la futura sociedad sin clases. Aquel socialismo marxista desapareció con la desintegración de la Unión Soviética y la conversión de China Popular al capitalismo autoritario del partido único. Su epitafio fue la caída del muro de Berlín, hace diez años.

      El socialismo que existe, y que goza de excelente salud, afortunadamente para la cultura democrática ya no es socialista sino de nombre. Acepta que la empresa privada produce más empleo y riqueza que la pública, sobre todo en un régimen de mercado, y es un convencido valedor del pluralismo político, las elecciones, la libertad y el Estado de Derecho. El socialismo ha dejado de ser ideológico y se ha vuelto ético. En vez de preparar la revolución está empeñado en la defensa del estado del bienestar, de políticas públicas de asistencia social a los parados, los ancianos, las minorías desvalidas y en una redistribución de la riqueza a través del impuesto para corregir lo que llama desequilibrios del mercado. Este socialismo ya no es un enemigo, sino un componente central de la cultura democrática en el mundo moderno.

      El nacionalismo, en cambio, sigue siéndolo. No de la manera explícita con que aparecía cuando Hayek estampó aquella frase, encarnado en los rostros tremebundos del nazismo de Hitler, el fascismo de Mussolini o del franquismo. En nuestros días, el nacionalismo ya no es tan unívoco ni tan sesgado hacia el extremismo derechista como entonces; hoy es, más bien, un animal proliferante y escurridizo, de muchas cabezas, que adopta comportamientos diversos y adversarios entre sí. Contrariamente a lo que muchos optimistas llegaron a pensar, que, luego de la hecatombe de las dos guerras mundiales provocadas por él, iría languideciendo hasta desvanecerse, o vegetaría en los márgenes de la vida política de las naciones occidentales, enquistado en grupúsculos huérfanos de representación electoral, el nacionalismo ha experimentado un notable resurgimiento.

      Esto es válido sobre todo para España, donde poderosos movimientos nacionalistas en Cataluña y el País Vasco (y, de menor caudal, en Galicia y Canarias) plantean un riesgo de fragmentación a una soberanía que cuestionan (algunos pacíficamente y, otros, por lo menos hasta ayer, con métodos violentos). Pero, también lo es en países donde el nacionalismo parecía más apagado.

      Se me objetará que, bajo la etiqueta de nacionalismo, meto en una misma canasta huevos de muchos colores: de gallina, de pichón, de avestruz y hasta del literario basilisco. ¿Acaso son la misma cosa? Precisamente, una de las mayores dificultades para hablar del nacionalismo consiste en que esa doctrina protoplasmática, se reproduce y manifiesta con apariencias y formas diferentes, aunque, en su secreta raíz, esa diversidad coincida en unos cuantos rasgos que me gustaría tratar de describir, porque es esa entraña, no la envoltura circunstancial, lo que constituye un desafío a la cultura democrática.

      A un líder del Partido Revolucionario Institucional mexicano, se atribuye haber explicado la filiación ideológica de su partido con esta afirmación, digna de Mario Moreno, Cantinflas: "El PRI no es de derecha ni de izquierda sino todo lo contrario". Un galimatías conceptual parecido asoma cuando se busca situar al nacionalismo dentro de las tradicionales categorías de izquierda y derecha. Él se mueve sin dificultad entre esas antípodas, y adopta, a veces, semblante radical, como, en España, ETA o Terra Lliure, o el IRA en Irlanda del Norte, o se identifica con posiciones inequívocamente conservadoras, cuando encarna en Convergència y Unió o el PNV (el Partido Nacionalista Vasco).

      Atención, no estoy borrando las fronteras abismales que separan a los nacionalistas que practican el terrorismo de los nacionalistas que actúan en la legalidad y rechazan los métodos violentos. Naturalmente que constituye una diferencia sustancial defender un ideal de manera pacífica, por la vía de las elecciones y dentro de la ley, o asesinando, secuestrando y plantando coches-bomba. Son diferencias que, en términos prácticos, permiten la coexistencia social o la crispan y debilitan hasta hacerla estallar en una orgía de sangre, como ocurrió en Bosnia y sigue ocurriendo en Kosovo. Pero, sin que esto signifique devaluar el compromiso con el pacifismo y la legalidad de los movimientos nacionalistas que rechazan la acción directa y optan por la vía electoral, debo decir también que no son los métodos y las conductas lo que determina que un movimiento político sea nacionalista, sino un núcleo básico de afirmaciones y creencias que todos los nacionalistas —pacíficos o violentos— suscriben.

      He dicho afirmaciones y creencias, no ideas, de manera deliberada. El punto de partida de toda doctrina nacionalista es un acto de fe, no una concepción racional y pragmática de la historia y de la sociedad. Un acto de fe colectivista, que imbuye a una entidad mítica —la nación— de atributos trascendentales, capaces de mantenerse intangibles en el tiempo, indemnes a las circunstancias y a los cambios históricos, preservando una coherencia, homogeneidad y unidad de sustancia entre sus miembros y elementos constitutivos, aunque, en la contingencia, aquella unidad sea invisible y pertenezca al dominio de la ficción.

      Junto al colectivismo, el esencialismo metafísico es ingrediente central del nacionalismo. Para esta doctrina, los individuos no existen separados de la nación, placenta materna que les da el ser, la identidad, palabra clave de la retórica nacionalista, que los vivifica social, cultural y políticamente, y que se manifiesta a través de ellos, en la lengua que hablan, las costumbres que practican, las vicisitudes de una historia que comparten, y, también, en algunos casos, en la religión, la etnia o raza a la que pertenecen o, incluso, la conformación craneal el grupo sanguíneo de que Dios o el azar quiso dotarlos.

      Esta utópica noción de una comunidad perfectamente homogénea y unitaria se desvanece apenas intentamos contrastarla con las naciones reales y concretas de la pedestre realidad, donde, todas, unas más, otras menos, lucen una heterogeneidad flagrante, en los dominios cultural, racial y social, al extremo de que la noción de "identidad colectiva" —no se diga de "identidad nacional"— resulta un concepto falaz; que, bajo su pretensión uniformizadora, desnaturaliza siempre una rica y fecunda diversidad humana. El nacionalismo contrarresta este desmentido a sus tesis con otra de sus llaves maestras, el victimismo: una larga lista de agravios históricos y usurpaciones políticas y culturales de la potencia colonizadora e imperial para destruir, contaminar y degenerar a la nación víctima.

      El nacionalismo necesita de aquellos agravios históricos para justificar sus pretensiones de víctima de una injusticia atávica de carácter comunitario a la que sólo dará satisfacción la reconquista de la independencia perdida. Los necesita, también, para explicar la supuesta adulteración de la unidad nacional —en el dominio de la lengua, de la cultura, de las instituciones y hasta de la raza— y para justificar las políticas que se propone impulsar desde el poder a fin de restablecer la pureza e integridad de la nación, maculados por siglos de dominio extranjero.

      Cataluña es una sociedad bilingüe, con -cifras más, cifras menos- un 50% de catalano-hablantes y un 50% de castellano-hablantes, con la particularidad de que la casi totalidad de catalanes que hablan catalán, también hablan castellano. Esta particularidad es, en verdad, un privilegio, que hace de la mayoría de catalanes señores y ciudadanos de dos culturas y tradiciones que les pertenecen por igual. Ya que en Cataluña, como ha dicho Vidal-Quadras, "las dos lenguas no están separadas por una frontera divisoria, sino que están presentes en cada provincia, en cada comarca, en cada ciudad, en cada barrio, en cada inmueble, en cada rellano".

      Aceptar esta realidad cultural pondría al nacionalismo en un aprieto, pues lo condenaría a revisar el supuesto básico nacionalista de la homogeneidad lingüística y la unidad cultural, y a diseñar políticas educativas y culturales que respetaran y fomentaran ese bilingüismo.

      Como nadie reniega de sí mismo, y menos que nadie un partido político, los nacionalistas en el poder explican que la situación cultural de Cataluña resulta de un atropello histórico: la persecución de que han sido víctimas la lengua y la cultura catalanas por unos gobiernos que impusieron los de la potencia imperial. La política de "normalización lingüística" tiene pues, por objeto, corregir aquella injusticia pasada y devolverle al catalán el protagonismo que perdió por un acto de fuerza. En la práctica, sin embargo, la corrección de esa injusticia pasada ha mudado en una injusticia equivalente: discriminar la enseñanza del castellano en Cataluña, imponiendo cada vez más, en los colegios y en la administración, como lengua preferencial (y a veces única) el catalán.

      Esta política es inevitable en todo partido nacionalista que sea fiel a sí mismo, es decir, que, partiendo de su idea de lo que es la nación, trate de convertir esta ficción en realidad. Naturalmente, esta política de "discriminación positiva" o "normalización" (bellos eufemismos) se sale a veces, por su propia dinámica, del cauce benigno y razonable en que pretenden querer sujetarla las autoridades. La realidad es que, por su naturaleza misma, este género de medidas, encaminadas a retroceder la realidad presente de una sociedad bicultural o multicultural hacia una mítica unidad lingüística que justifique la visión histórica del nacionalismo, se traduce a la corta o a la larga en violaciones de los derechos humanos, empezando por el de la libertad individual y el derecho a la libre elección. No cabe la menor duda que muchos nacionalistas vascos, pacíficos y bien intencionados, quedaron espantados, hace unos meses, cuando se dio a conocer, con justificado escándalo, que en una ikastola del País Vasco, se castigaba, obligándolos a llevar los bolsillos llenos de piedras, a los niños a quienes se sorprendía hablando español en vez de eusquera. Y que eran sinceros al decir que una golondrina no hace verano y que no se podía llamar "política del gobierno autonómico" a los excesos de celo de algunos militantes o funcionarios aislados. Sin embargo, lo cierto es que, a pesar de la vocación pacífica de la mayoría de los nacionalistas, en esta ideología, en su concepción del hombre, de la sociedad y de la historia, anida una semilla de violencia, que germina sin remedio cuando se vuelve acción de Gobierno, si el nacionalismo es consecuente con sus postulados, sobre todo, el principal: su empeño por reconstruir aquello que Benedict Anderson llama "la comunidad imaginada", es decir la ilusoria nación integrada cultural, social y lingüísticamente, en cuyos retoños humanos se transubstanciaría la identidad nacional. El irremediable parentesco entre totalitarismo y nacionalismo, en el caso de ETA, Fernando Savater, un pensador vasco, lo explica así: "El totalitarismo consiste en la negación exterminadora del otro, no en la hostilidad al adversario político. Para ETA sólo son vascos viables —es decir, no candidatos al exilio o a la liquidación— los nacionalistas de uno u otro signo, sean los que se equivocaron aceptando el estatuto de autonomía, los héroes que lo rechazaron desde el principio o los conversos que poco a poco han llegado a la luz. El resto son españolistas recientemente envalentonados que viven entre los vascos, contra los cuales se predica sin rodeos la 'persecución social' y con cuyos partidos se prohibe taxativamente cualquier tipo de convenio político: exeunt omnes."

      Según Ernest Gellner "es el nacionalismo el que inventa las naciones y no lo contrario". El nacionalismo, un producto, según él, típico de la sociedad industrial, utiliza de manera selectiva la preexistente proliferación de culturas en el seno de un país, y transforma a éstas de manera tan radical como artificiosa, resucitando lenguas muertas, inventando tradiciones y restaurando unas "ficticias purezas prístinas".

      La diversidad de métodos y comportamientos, así como las circunstancias distintas en que han nacido los movimientos nacionalistas, aconsejan prudencia a la hora de hacer generalizaciones. Pero, una que cabe hacer sin vacilar, es que el nacionalismo tiene una entraña irracional —nazca de la melancolía, la desesperación, la anomia, el miedo a la libertad o la protesta contra la invasión colonial— y que, debido a ello, deriva con facilidad hacia prácticas violentas, y llega a veces como ETA en España o el IRA y los Provisionales en Irlanda del Norte, a cometer crímenes abominables en nombre de su ideal. Que haya partidos nacionalistas moderados, pacíficos, y militantes nacionalistas de impecable vocación democrática, que se empeñan en actuar dentro de la ley y el sentido común, no modifica el hecho incontrovertible de que, si es coherente, y lleva a sus últimas consecuencias los principios que constituyen su razón de ser, todo nacionalismo desemboca tarde o temprano en prácticas intolerantes y discriminatorias, y en un abierto o solapado racismo. No tiene escapatoria.

      Tal vez en ningún otro dominio sean tan explícitos los estragos que el nacionalismo causa como en la cultura. Si la pertenencia a esa abstracción colectiva, la nación, es el valor supremo, y si éste es el prisma elegido para juzgar las creaciones literarias y artísticas, ¿qué puede esperarse como resultado de tan confusa y disparatada tabla de valores? La perspectiva nacionalista tiende a rechazar o minusvalorar toda creación del espíritu que, en vez de magnificar o privilegiar los valores locales —lo regional, lo nacional, lo folclórico— los relegue, ridiculice, niegue, o, simplemente, los minimice dentro de una perspectiva cosmopolita o universal, o los refracte en lo individual, realidades humanas difícilmente identificables con lo nacional. Para el nacionalismo, las creaciones literarias más respetadas y respetables son aquellas que confirman sus prejuicios sobre las identidades colectivas. Esto, en la práctica, significa la promoción del arte regionalista o folclórico como modélico, y el ensimismamiento provinciano, una consecuencia que ha resultado siempre, en todas partes, de las políticas culturales "nacionalistas". Ésa es la razón por la que el nacionalismo no ha producido hasta ahora nada digno de memoria en la literatura y las artes.

      No soy un pesimista ni tampoco un optimista profesional. Creo que la tarea intelectual —no así la artística— tiene la obligación de esforzarse por mantenerse dentro del realismo. Y el realismo obliga a reconocer que el nacionalismo —si se prefiere, los nacionalismos— son el problema más grave que enfrenta España, un problema que, sin duda, se ha aliviado mucho, pero no resuelto, con la decisión de ETA de poner las armas de lado y empezar a negociar, tregua que, explicablemente, ha despertado grandes esperanzas en la sociedad española, y sobre todo en la sufrida sociedad vasca. Pero sería ingenuo, para no decir ciego, suponer que esta reciente paz garantiza una pronta y definitiva solución del problema nacionalista.

      Dudo que sea así, por la naturaleza irracional y finalista del nacionalismo, al que las concesiones y transacciones políticas e ideológicas, en vez de apaciguarlo, suelen, como las banderillas a los toros de raza, embravecerlo e inducirlo a exigir más: ese apetito insaciable forma parte de su naturaleza. La Constitución española de 1978 constituyó un admirable esfuerzo ético y jurídico para hacer de España una sociedad plural y democrática, "una nación de naciones y de regiones" en palabras de Gregorio Peces-Barba, uno de los constitucionalistas. El texto constitucional y el régimen de las autonomías reconoce el derecho de Cataluña, el País Vasco y Galicia, a considerarse "naciones", categoría más elevada y distinta que la de "regiones", y a desarrollar y promover su lengua y cultura en la más irrestricta libertad; además, les concede una amplia gama de competencias administrativas, económicas, educativas y políticas. Muchos creyeron que los estatutos de las autonomías servirían para desactivar de manera preventiva el polvorín de recriminaciones nacionalistas contra los abusos del centralismo, y ganaría de este modo a los sectores más amplios de Cataluña, el País Vasco y Galicia, a esta idea de la coexistencia en la diversidad de la España descentralizada y pluralista diseñada por el texto Constitucional. Veinte años después, es evidente que aquello fue una ilusión. Los movimientos nacionalistas, en vez de languidecer, se han robustecido y siguen esgrimiendo el mismo catálogo de cargos contra supuestas injusticias y postergaciones, prejuicios y discriminaciones de que serían objeto por parte de un Estado español, del que hablan como algo ajeno e incluso hostil. Lo ha dicho el líder del PNV, señor Arzalluz, con claridad meridiana: "El País vasco no cabe en esta Constitución". Como si nada hubiera pasado y la Constitución de 1978 y el régimen autonómico no significaran, desde la perspectiva de Cataluña, el País Vasco y Galicia, sino un cambio de disfraces, debajo de los cuales la España democrática, al igual que lo hizo la España dictatorial, siguiera oprimiendo y discriminando a sus 'colonias' internas. Esto es, desde luego, una delirante fantasía ideológica. Pero, cuando una ficción es respaldada por una mayoría electoral relativa, como ha ocurrido en Cataluña y el País Vasco, o por un considerable número de electores, como en Galicia, pasa a convertirse en una inquietante realidad política.

      No creo que esta desintegración llegue a ocurrir, ni, por supuesto, quisiera que ocurra. No porque sea un "nacionalista españolista" ni nada que se le parezca. Sino porque tengo el convencimiento de que el estallido de España en un puñado de naciones independientes (¿cuántas? ¿tres? ¿cuatro?) no traería más libertad, ni mejores condiciones de vida, ni una actividad cultural más rica, ni más oportunidades de desarrollo y trabajo, ni a vascos ni a catalanes, y sí, en cambio, un empobrecimiento generalizado en todos esos órdenes, además de convulsiones sociales y políticas de muy incierta (y acaso siniestra) evolución.

        Mi opinión es que los nacionalismos deben ser intelectual y políticamente combatidos, todos, de manera resuelta, sin complejos, y no en nombre de un nacionalismo de distinta figura, sino de la cultura democrática y de la libertad. Es decir, de la cultura que España abrazó con el entusiasmo de la inmensa mayoría de los españoles a partir de 1978, y cuyo espíritu impregna la Constitución vigente y el Estatuto de las autonomías. Estos textos puedan ser perfeccionados, desde luego: la reforma es uno de los motores del progreso. Pero, sin traicionar el espíritu pluralista que los anima, de "proyecto sugestivo de vida en común", según la fórmula de Ortega y Gasset, o de "plebiscito cotidiano" en palabras de Renan, que flexibiliza hasta el límite la descentralización española, a fin de garantizar, de un lado, las culturas, tradiciones y particularismos regionales, y, de otro, preservar la unidad nacional. De este equilibrio no depende sólo el futuro y la fuerza de España ante el formidable desafío que representa su incorporación a Europa, en el pelotón de vanguardia. Depende, sobre todo, la preservación y profundización de esa libertad, diversidad y racionalidad en la organización de la sociedad que son profundamente írritas a las ideologías y a las prácticas nacionalistas. El nacionalismo sólo comenzará a ceder el campo cuando en las regiones donde ahora campea se haga evidente lo que para quienes lo combatimos es una verdad transparente: que no hay un solo agravio, injusticia, prejuicio o postergación verídicas, reales, de la agenda nacionalista, que no pueda encontrar remedio o satisfacción en el régimen de libertades y de legalidad que impera hoy en España, y que, por el contrario, este régimen de pluralismo y libertades se vería seriamente comprometido si triunfaran los designios exclusivistas y discriminatorios del nacionalismo.

  (*) Mario Vargas Llosa es uno de los principales representantes del pensamiento liberal de nuestros días, siguiendo la estela de escritores como Raymond Aron, Popper y otros. Desde su liberalismo sostiene que el nacionalismo es uno de los principales peligros para la civilización. Hace unas semanas dio una conferencia en el Círculo de Lectores titulada "El desafío de los nacionalismos", de la que EL PAÍS publica un resumen. El texto íntegro de la misma, que es el que aquí se reproduce, aparece en el número 88 de la revista CLAVES. (Texto enviado por el Grupo La Paloma). 

 

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